Nuestra Historia

Más de un Siglo Endulzando Tiedra

Hablar de la Confitería Vda. Lisardo Bragado e Hijos es hablar de tradición, esfuerzo familiar y amor por la repostería artesanal. Nuestra historia comenzó hace más de cien años en Tiedra, un pequeño pueblo de Valladolid donde generación tras generación hemos mantenido vivo el legado de nuestros antepasados.

Los orígenes de nuestro obrador se remontan a finales del Siglo XIX.

En 1906, Cipriano Bragado, que había aprendido el oficio de su padre, recibió la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Valladolid por la calidad excepcional de nuestras mantecadas, un reconocimiento que marcó el inicio de una larga trayectoria dedicada a la elaboración de dulces artesanos.

Con el paso de los años, su hijo Lisardo Bragado tomó las riendas de la confitería, impulsando la fama de nuestros productos más allá de Tiedra. Sin embargo, su fallecimiento prematuro cambió el rumbo de la familia. Fue entonces cuando su esposa, Obdulia Pascual, asumió la dirección del negocio mientras criaba y sacaba adelante a sus cuatro hijos: Lisardo, María Luz, Cipriano y Orencio.

Aquella mujer valiente dio nombre a la empresa que hoy conocemos: Viuda de Lisardo Bragado e Hijos. Gracias a su esfuerzo, dedicación y capacidad de sacrificio, la confitería continuó creciendo y consolidándose como una referencia de la pastelería tradicional en Valladolid.

Durante décadas, los hijos continuaron con el legado familiar. Más tarde, la siguiente generación tomó el relevo y siguió ampliando la historia de este obrador. Hoy es el cuarto Lisardo Bragado de la saga familiar quien mantiene viva una tradición que ha pasado de padres a hijos durante cuatro generaciones.

Tradición, Evolución y Recetas que Perduran

A lo largo de nuestra historia hemos elaborado una amplia variedad de productos tradicionales y hemos llegado a contar con más de una docena de trabajadores además de los miembros de la familia. Aunque los tiempos han cambiado, la esencia permanece intacta.

Las recetas que elaboramos hoy conservan el sabor y la autenticidad de siempre, adaptadas únicamente a las materias primas actuales y seleccionando siempre ingredientes de primera calidad. Nuestros dulces siguen elaborándose con el mismo respeto por la tradición que caracterizó a nuestros antepasados.

Antiguamente, todo el proceso era completamente manual. Con el paso de los años hemos incorporado maquinaria que nos ayuda en determinadas fases de producción, especialmente en la elaboración de nuestra reconocida masa hojaldrada. Sin embargo, seguimos utilizando ingredientes cuidadosamente seleccionados, entre ellos grasa de cerdo ibérico de Guijuelo, que aporta la calidad y el sabor característicos de nuestros productos.

La tecnología nos ayuda, pero son las manos de una familia, la experiencia acumulada durante generaciones y el cariño puesto en cada elaboración los que siguen marcando la diferencia.

Los Lisarditos, Nuestro Dulce más Emblemático

Si hay un producto que representa nuestra identidad, son los Lisarditos. Inspirados en el nombre que ha acompañado a nuestra familia durante generaciones, se han convertido en el símbolo de nuestra confitería y en uno de los dulces más apreciados por quienes visitan nuestro obrador.

Junto a ellos, seguimos elaborando una amplia selección de especialidades artesanales que forman parte de la historia gastronómica de Tiedra y de la provincia de Valladolid.

Un legado que continúa

Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que impulsó a nuestros antepasados hace más de un siglo: acercar a cada hogar los sabores de la repostería tradicional y artesanal.

Cada dulce que sale de nuestro obrador lleva consigo una pequeña parte de nuestra historia, de nuestro esfuerzo y de nuestra familia. Por eso, seguimos trabajando cada día con la misma ilusión, orgullosos de nuestras raíces y profundamente agradecidos a quienes nos precedieron por enseñarnos el valor del trabajo bien hecho.

Porque más que una confitería, somos una historia familiar que continúa escribiéndose generación tras generación desde Tiedra, Valladolid.